Algunas veces el mercado se mueve y fluctúa muy
rápidamente y si se introduce una orden limitada esta no se ejecuta.
Durante un mercado muy rápido se pueden mover miles de dólares por
contrato en unos pocos minutos.
En esos momentos a las tortugas se les pidió que
mantuvieran la calma y esperaran que el mercado se estabilizase
antes de introducir las órdenes.
La gran mayoría de principiantes encuentran
muy difícil de seguir esta regla. Entran en pánico e introducen
órdenes a mercado. Invariablemente lo hacen al peor precio posible y
frecuentemente terminan el día entrando en máximos o en
mínimos al peor precio posible.
En mercados muy rápidos la liquidez se agota
temporalmente. En el caso de un mercado alcista muy rápido los
vendedores dejan de vender y se esperan a un precio más alto y no
empezarán de nuevo a vender hasta que el precio deje de subir. En
este escenario la demanda sube considerablemente y la horquilla
entre oferta y demanda se agranda.
Los compradores se ven forzados a pagar precios
más altos mientras los vendedores continúan subiendo el precio de
demanda y el precio se mueve tan rápido y tanto que llegan al
mercado nuevos vendedores que provocan que el precio se estabilice e
incluso a veces lo giran haciéndolo retroceder parte de la subida.
Las ordenes de mercado introducidas en un mercado
rápido normalmente acaban ejecutándose al precio más alto de la
subida, justo en el punto en el que el mercado comienza a
estabilizarse al llegar nuevos vendedores.
Las tortugas esperaban hasta encontrar alguna
indicación de que al menos un giro temporal del precio había
ocurrido, antes de introducir las órdenes y normalmente operando así
conseguían mejores precios que los que hubieran conseguido al
mercado. Si el mercado se estabilizaba pasado el precio de stop las
tortugas se saldrían del mercado pero con calma.