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Abenjaldun (Ibn Haldún o Jaldún)

Su nombre completo es Abu Zaid Abdurrahman Ibn Jaldún al-Hadramí. Algunos lo consideran, con fundamento, el verdadero padre de la ciencia económica. Es probable que muchas de sus ideas fueran transmitidas a Europa través de los dominicos de la Escuela de Salamanca.

"Ibn Jaldún concibió y formuló una filosofía de la historia que es sin duda el trabajo más grande que jamás haya sido creado por una inteligencia en ningún tiempo y en ningún país". ARNOLD TOYNBEE.

"La mente de Ibn Jaldun es tan clara y tan pulidora de ideas como la de un griego". ORTEGA Y GASSET.

Las ideas económicas de Abenjaldún se desarrollan a lo largo de su libro al-Muqaddimah, y más especialmente en los capítulos donde considera la vida de las ciudades. Descubre en la dinámica del mercado el germen de las crisis culturales. Analiza una serie de conceptos económicos -entre ellos, los de población, precio, beneficio, lujo, y formación de capital- y traza su interrelación. Aboga por un sistema de libre competencia y condena toda intervención de parte del sultán en las actividades agrícolas, industriales o comerciales del pueblo.

Nació el 27 de mayo de 1332 en Túnez (entonces capital de la Ifriqiyya) en el seno de una familia árabe-española, que vivió mucho tiempo en la Sevilla musulmana y cuyos miembros fueron prominentes funcionarios de las administraciones omeya, almorávide y almohade hasta 1228, año que emigraron a Ceuta.

Uno de sus antepasados fue el geómetra, astrónomo y médico sevillano Abu Muslim Ibn Jaldún (m.1057). El historiador cordobés Ibn Hayyán (987-1076) dice: «La familia Jaldún es hasta el presente una de las más ilustres de Sevilla. Ha brillado siempre por el elevado rango que ocupan sus miembros en los mandos militares y en las ciencias».

Sus padres murieron cuando tenía quince años, durante la epidemia de peste bubónica conocida como «La peste negra» de 1347-1348, que se cobró más de cien millones de vidas solamente en Europa y causó también estragos en Túnez.

Abenjaldun participó muy activamente en la política y gestión públicas de diversos países del ámbito musulmán de su época. Como consecuencia de una conspiración en la que participó contra el sultán mariní Abu ‘Inán (gobernó entre 1348-1358), fue encarcelado durante dos años (758-759 H./1357-1358). Estuvo al servicio de varios príncipes del Magreb y de al-Ándalus. Entre 1363 y 1374 vivió en Fez, en Sevilla (embajador musulmán ante la corte de Pedro el Justiciero), en Granada, (donde llegó a ser Señor de Elvira), en Bugía y en Biskra (Constantina, Argelia). De este modo descubrió sobre el terreno el desmembramiento social y político del Occidente musulmán, lo que reforzaba su gusto por el estudio y la reflexión.

Muy impresionado por la muerte de su gran amigo y colega, el médico, historiador y místico granadino de la escuela shií, Lisanuddín Ibn al-Jatib (1333-1375), estrangulado en la cárcel de Fez, se refugió durante cuatro años (776-780 H./1375-1379) en el castillo de Qalat-Ibn-Salama, en el sudoeste de Frendah (46 kms. al oeste de Tiaret, Orán, Argelia). Terminó allí la primera redacción de su Al-Muqaddimah. Regresó a la ciudad de Túnez, pero para enseñar y acabar la primera redacción de la llamada «Historia Universal» (en árabe Kitab al-‘ibar: "Libro de los bereberes").

Una intriga tramada por los celosos enemigos de su éxito, le obliga esta vez a marchar a Egipto, donde ocupará —también con numerosas vicisitudes— el cargo de Gran Cadí (Juez supremo) en la administración de los sultanes mamelucos.

Posteriormente, residió un tiempo en Damasco (1399-1401) y durante el asedio de esta ciudad por los invasores mongoles (enero y febrero de 1401), salvó la vida gracias a su fama y a la admiración que Timur Lang (Tamerlán ) tenía por los sabios. Finalmente, se estableció como magistrado en El Cairo y fue profesor de la Universidad de Al-Azhar. Falleció el 17 de marzo de 1406 y fue sepultado en el cementerio de los sufíes de esta ciudad.

Su obra cumbre es el Kitab al-‘ibar ("Libro o Historia de los bereberes" también conocida como «Historia universal»). Está dividida en tres partes. Una es su propia autobiografía (al-Ta’rif bi-Ibn Jaldún). La parte más famosa es al-Muqaddimah ("Los prolegómenos"), que ha sido traducida a todos los idiomas. Ibn Jaldún comienza por establecer las reglas de la crítica histórica que permiten fijar con certeza los hechos; entra el tema de su materia estableciendo la gran división entre pueblos de tribus nómadas y sedentarias; describe la formación de las ciudades, la influencia que ellas ejercen sobre sus habitantes, el nacimiento de todo poder por el espíritu del seno de la familia, la fundación de imperios y las causas de su decadencia; la naturaleza de los diferentes especies de reinos, del califato y del imamato, es decir, del poder temporal y del poder espiritual del califa.

Su idea central de la sociedad queda sintetizada en el concepto "asabiya", que hace referencia a la conciencia de comunidad o sentimiento de pertenencia a un tronco común. Ibn Jaldun es el primer pensador que distingue claramente entre asociación y comunidad, por más que la doctrina occidental suela atribuir esta distinción al sociólogo alemán Ferdinad Tönnies, nacido en 1855.

Para Ibn Jaldun, la conciencia de comunidad necesaria para la supervivencia está formada por tribus nómadas, y más concretamente por beduinos. Teniendo en cuenta la agresividad y la injusticia propias de la naturaleza humana, en la vida urbana sólo se puede aspirar al orden a través de la violencia y la represión (leyes, amenaza de sanción, coacción). Por ello en las grandes ciudades nunca habrá comunidades; tan sólo asociaciones sin grandes vínculos afectivos.

En las tribus beduinas, por el contrario, el orden interno lo mantienen las viejas tradiciones, las normas surgidas del respeto y la veneración hacia los jeques y los ancianos, así como el libre sometimiento a la autoridad natural del líder del grupo. Sin embargo, la humillación, la obediencia conformista y la resignación sumisa debilitan el espíritu de la comunidad, así como la capacidad de ejercer una autoridad pública justa. Esta es una de las razones por las que las asociaciones urbanas acabarán –y, de hecho, han acabado- absorbiendo a las comunidades rurales.

Por último, las tesis económicas recogidas en su principal obra, al-Muqaddima, apuntan a que el germen de las crisis culturales radica en la propia dinámica del mercado, ya que destruye las tradiciones en las comunidades de beduinos y fomenta el desarrollo de las ciudades. Sin embargo, Ibn Jaldun fue al mismo tiempo un claro defensor del sistema de libre competencia y condenó toda intervención del Sultán en las actividades agrícolas, industriales o comerciales del pueblo, razón por la que también ha sido considerado un precursor lejano del liberalismo clásico.

 

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